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¿Cómo llegó el Budismo al Tíbet?

Esta historia tiene especial interés porque resulta realmente inverosímil. Es muy curioso que el budismo haya llegado al Tíbet nada menos que de la India. Estamos acostumbrados a ver el Tíbet como un país budista, quizá como el país budista por excelencia. Pero no siempre ha sido así. Antes de ocurrir, la posibilidad de que el budismo pudiera ser trasplantado desde la India a la Tierra de las Nieves debía parecer muy remota.

El gran valle del antiguo Tibet tiene un clima y está a una altura que permite que los colores del cielo, las montañas y el sol evoquen la brillantez y claridad de la mente Iluminada

Mapa De Tíbet

En un mapa la India y el Tíbet parecen estar muy cerca, pero en realidad se encuentran muy lejos. Entre ambos países se alza una gigantesca barrera: el Himalaya. Esta colosal cordillera se extiende a lo largo de 3 000 Km., dividendo la India, que queda al sur, y el Tíbet, al norte. Los dos países están prácticamente separados. También están divididos climáticamente. El clima de la India es subtropical, se caracteriza por un sol abrasador, lluvias torrenciales durante la época monzónica, y por períodos de sequía. El Tíbet, en cambio, situado a 3 600 m sobre el nivel del mar, goza de un claro cielo, una tonificante atmósfera, y temperaturas que a menudo llegan muy por debajo del punto de congelación.

Clima de Tíbet

Cada clima produce diferentes estilos de vida. La India era, y todavía es, un país predominantemente agricultor. La tierra ha sido cultivada durante siglos, y sus habitantes gozan de una existencia plácida y estable en miles de aldeas. Pero en el Tíbet la economía fue principalmente de pastoreo. Sus habitantes tenían grandes rebaños de ovejas y manadas de yaks y eran nómadas, recorrían los vastos espacios viviendo en tiendas o montados a caballo. Los indios y los tibetanos pertenecen también a diferentes grupos étnicos. La India está ocupada predominantemente por el pueblo ario del norte y el dravídico del sur, mientras que los tibetanos pertenecen a un subgrupo del pueblo mongol que incluye también a los birmanos y los newaris del Nepal.

Diferencias entre el temperamento indio y tibetano

Todos estos factores se reflejan en la diferencia de temperamento entre indios y tibetanos. A riesgo de generalizar, yo diría que los indios tienden al misticismo, en el sentido más amplio de la palabra. Son muy conscientes de la existencia de un mundo espiritual más elevado o una dimensión trascendental. Si en la India conoces a alguien, digamos que en un autobús, un tren, o simplemente andando por la calle, puedes entablar rápidamente una conversación sobre temas de carácter religioso o místico. Ésa es la clase de lenguaje que los indios entienden, la perspectiva que aceptan y que, en cierto sentido, dan por sentada. Mientras que a veces en lo concerniente a asuntos prácticos puede que no tengan la más remota idea ni comprendan nada, en cambio si les hablas de la realidad última, sabrán enseguida de qué les estás hablando.

El carácter tibetano es muy diferente. En Occidente nos gusta creer que los tibetanos son misteriosos, exóticos, seres de otro mundo. Pensamos que cuando no están levitando o volando por el aire, están ocupados abriendo su tercer ojo. Pero en realidad no es así en absoluto. A juzgar por mi experiencia tras haber vivido con los tibetanos de Kalimpong, diría que en el mundo no existe nadie tan práctico como ellos. Son hábiles negociantes, incluso los monjes saben cómo llevar a cabo complejas operaciones comerciales. Y en cuanto a las tareas prácticas, aunque no tengan ninguna experiencia, estudiarán el tema, aprenderán todo cuanto sea necesario saber, y resolverán el secreto de cómo hacerla. Los tibetanos que vienen de la India suelen convertirse en buenos mecánicos de automóviles, en realidad tienen una gran facilidad para todo cuanto sea de naturaleza mecánica. De modo que, mientras los indios son místicos y viven en las nubes (los sikhs son una excepción), los tibetanos son muy prácticos y tocan de pies en el suelo. Los tibetanos conservan también este modo práctico de enfocar las cosas cuando se trata de la vida religiosa, tal como veremos en los siguientes capítulos.

Los indios, en especial los hinduistas, son generalmente personas pacíficas. Al menos no les gusta verse en vueltos en peleas. En la India una pelea en la calle no suele pasar de los insultos. Los contendientes quizá bailen furiosos uno alrededor del otro gritándose, puede que incluso se tiren de los pelos, pero casi nunca llegarán a las manos. Los tibetanos, en cambio, tienden a ser belicosos y agresivos, incluso temerarios. En Kalimpong algunos de los refugiados solían pavonearse a nuestro alrededor como si hubieran conquistado el lugar. Muchos de ellos llevaban cuchillos y andaban con aire arrogante por la calle, apartando de un violento empujón a cualquier indio que se cruzara en su camino, a veces haciéndolos saltar por los aires. La gente aprendió a desconfiar de los tibetanos, en especial de los khampas del este del Tíbet.

Yo solía* enseñar inglés a los estudiantes tibetanos de Kalimpong, ya veces les ponía un ejercicio que consistía en completar una frase como «Yo … mi hermano» rellenando el espacio con un verbo adecuado. En nueve de cada diez casos escribían: «Yo he matado a mi hermano». Un amigo mío nepalés, cirujano militar que trabajaba en un hospital local, me contó que cada semana tenía al menos dos casos de apuñalamiento procedentes de la comunidad tibetana, en aquella época constituida de unas dos mil personas. De vez en cuando las heridas eran mortales.

*El autor de este artículo es Urgyen Sangharákshita (fundador de la OBT)

Según mi propia experiencia los budistas tibetanos poseen un carácter violento y son bastante rudos, los indios en cambio son más amables y refinados. Incluso los que llevan una sencilla existencia rural suelen ser más cultos que muchos occidentales. Los tibetanos, en comparación, creo que en general son poco refinados, aun que los miembros de la aristocracia de Lhasa pueden llegar a ser muy sofisticados.

El encuentro del Budismo con Tíbet

Cuando el budismo indio llegó al Tíbet, se encontró con una cultura y un estilo de vida totalmente diferentes. Como es natural, cuando el Buda alcanzó la iluminación, fue más allá de cualquier distinción de raza y nacionalidad. Lo que alcanzó y descubrió fue algo puramente espiritual, trascendental. Sin embargo, desde el punto de vista histórico, el budismo es un producto de marcado origen indio, y refleja el pensamiento, las actitudes culturales y el razonamiento indio. Por ejemplo, al leer los textos budistas indios, en especial los grandes sutras Mahayana, vemos la típica tendencia india a la exageración. Si por ejemplo se narra la historia de una mujer con muchos hijos, aunque la historia se inicie diciendo que tiene una docena, más tarde el autor, insatisfecho con ello, asegurará que ha tenido veinte, o incluso cincuenta o cien. Esa clase de exageración es típicamente india.

Paralelos entre el establecimiento del Budismo en Tíbet y Occidente

Debido a las grandes diferencias existentes entre el pueblo tibetano y el indio, y ya que después de permanecer mil quinientos años en la India el budismo poseía muchas características típicamente indias, uno puede llegar a creer que el budismo indio sería la última religión que los tibetanos adoptarían. Pero, por muy extraño que parezca, la adoptaron. Sin embargo, tardarían mucho tiempo en hacerla, un factor que no siempre se tiene en cuenta, No sucedió que un día alguien fue de la India al Tíbet, enseñó budismo y al cabo de algunos años los tibetanos ya eran budistas. Los tibetanos, en especial los nobles, opusieron una considerable resistencia, y para que el budismo llegara a convertirse en la religión del Tíbet fue necesario un largo y a veces dificultoso proceso.

Quizá nosotros en Occidente podamos obtener un poco de consuelo de este hecho. Es posible que creamos que las cosas están avanzando de un modo más bien lento. Ya hace un siglo que el budismo se conoce en Occidente, pero no parece que hayamos llegado muy lejos con él. Pero en el caso del Tíbet exigió mucho más tiempo. En realidad hubieron de transcurrir quinientos años aproximadamente sólo para introducir el budismo en el Tíbet, mucho más tiempo del que fue necesario, por ejemplo, para introducir el cristianismo en Gran Bretaña. Durante este período de quinientos años, desde el siglo VII al XI, fue una época de constante agitación política. Esto no fue una casualidad, ya que la mayor parte de la agitación se vinculaba con la introducción del budismo.

Como llegó el Budismo a Tíbet

En aquella época, en Oriente -igual que en Occidente- la forma de gobierno predominante era la monarquía absoluta. (En Oriente el budismo se difundió bajo la protección de poderosos reyes). En la India ocurrió también lo mismo, el budismo recibió un gran ímpetu gracias al emperador Asoka, sucedió también en China, Japón, y el Tíbet. La introducción del budismo en el Tíbet se vincula en particular con cuatro dharmarajas, o reyes religiosos, y con monjes budistas y eruditos, tanto indios como tibetanos, con los que aquellos reyes colaboraron. Los tres primeros reyes gobernaron todo el Tíbet, y el cuarto fue el soberano del Tíbet occidental tras haberse dividido el país en varios estados independientes.

Cuando el Budismo llegó de India fueron traídos los grandes textos de las escrituras canónicas en grandes carabanas. Al llegar había que darle su lugar a las deidades locales con una oración

El primer rey religioso del Tíbet Fue Songtsen Gampo, que gobernó en el siglo VII, por lo visto fue también una figura excepcional. Su primer logro consistió en continuar con éxito la política y las reformas administrativas iniciadas por su padre. Hasta entonces el Tíbet había estado dividido en varios principados feudales, pero Songtsen Gampo -y su padre anteriormente- los fueron uniendo gradualmente, centralizando la administración y estableciendo el Tíbet como una unidad política cuyo poder militar fue muy temido por todos sus vecinos.

Constituyó un gran logro, pero para Songtsen Gampo no fue suficiente. En aquel tiempo el Tíbet estaba rodeado por diversos estados altamente civilizados: Khotan, al noroeste; Cachemira (en aquella época un reino independiente), al oeste; Nepal al suroeste (y detrás de éste, como es natural, la India); y el gran imperio de la China, al este, en aquel entonces regida por los emperadores T’ang. En dicha época todos aquellos estados eran budistas y habían alcanzado un alto nivel de civilización y cultura. A Songtsen Gampo no le pasó desapercibido. Vio que aunque el Tíbet estaba políticamente unido y tenía una temida fuerza militar, en lo referente a la civilización y la cultura se había quedado muy rezagado en comparación con sus vecinos.

De modo que Songtsen Gampo inició un programa de reforma social y desarrollo cultural. En primer lugar distribuyó de nuevo la tierra que estaba en posesión de la nobleza y de los grandes terratenientes, para que la gente sencilla recibiera una mayor y mejor parte. Al mismo tiempo fomentó la agricultura, intentando persuadir a las tribus nómadas a establecerse en un lugar y cultivar la tierra. Introdujo la tejeduría, la albañilería y la carpintería. Decidió también prohibir los deportes sangrientos, un paso que demuestra que empezaba a sentir atracción por el budismo. Otra antigua costumbre que prohibió fue la de pintarse el rostro. Al parecer los tibetanos, tanto los hombres como las mujeres, tenían la costumbre de pintarse la cara de color rojo vivo, pero Songsten Gampo lo prohibió considerándola una costumbre poco civilizada.

A lo largo de sus viajes y campañas militares Songtsen Gampo había observado que la cultura de los países colindantes estaba muy vinculada al budismo, y ello le impulsó a decidir que debía introducir el budismo en el Tíbet. Sus dos principales esposas, la hija del rey de Nepal, y la hija del emperador de China, le apoyaron en esta misión. Qué habría ocurrido si las esposas del rey hubieran seguido otra religión distinta al budismo será siempre una incógnita, pero afortunadamente las dos sentían una pro funda devoción por el budismo. En el arte tibetano se las suele representar a cada lado de Songtsen Gampo.

Los Templos que construyó Songtsen Gampo

En Lhasa Songtsen Gampo construyó para su esposa nepalesa el Jokhang, literalmente «La casa del Señor». Los escritores europeos suelen llamarla «La catedral de Lhasa». Es el edificio religioso más antiguo de la capital del Tíbet, los tibetanos lo consideran el más sagrado. Para su esposa china construyó un pequeño templo conocido como el Ramoche. En estos templos se instalaron imágenes de Aksobia y Sakiamuni que sus esposas habían traído de sus respectivos países.

Durante la Revolución Cultural los chinos profanaron y destruyeron estos templos. Algunos devotos tibetanos más tarde a escondidas recuperaron las maltratadas cabezas de aquellas dos im ponentes imágenes, que habían permanecido allí durante trece siglos, y las llevaron a la India, para ofrecerlas al Dalai Lama. Estaban realizadas a base de una especie de estuco pintado que se estropeaba fácilmente, y recuerdo que muchos indios se sintieron profundamente afectados al ver sus fotografías en los periódicos. Durante su reinado Songtsen Gampo construyó otros muchos templos, los primeros templos budistas del Tíbet.

La Cultura India alfabetizó a Tíbet

También envió a un grupo de jóvenes tibetanos a estudiar el budismo en Cachemira, ya que en aquella época tenía fama de ser un buen lugar para hacerla. Pero el clima era tan riguroso (en comparación con el Tíbet Cachemira tiene un clima muy caluroso, pero fresco, sin embargo, comparado con el resto de la India) que sólo uno de los jóvenes sobrevivió para regresar al Tíbet. Fue el célebre Tonmi Sambhota, que inventó el alfabeto tibetano hacia el año 632 e.c* Hasta entonces los tibetanos no tenían es critura y, como es natural, tampoco literatura. Tonmi Sambhota creó el alfabeto tibetano basándose en una de las escrituras indias, probablemente la escritura sharada, con la que se había familiarizado durante su estancia en Cachemira, y se empezaron a realizar las primeras traducciones de las escrituras budistas indias. Según la tradición, el primer texto traducido fue el Mani Kabum. Mani en este caso se refiere al mantra de om mani padma hum, y kabum significa cien mil palabras, el texto consistía en una especie de enciclopedia sobre el mantra: cómo se originó, qué significaba, cómo debía recitarse, etc. En aquella época también se introdujeron de China el papel y la tinta para imprimir, y asimismo la pintura y la escultura.

*En la presente obra, en lugar de las abreviaturas «a. c.» (antes de Cristo) y «d. c.» (después de Cristo) se utilizan «a.e.e.» (antes de la era común) y «e.e.» (era común), más adecuadas cuando se habla de budismo. (N. de la T.)

Songtsen Gampo prácticamente creó la cultura tibetana, al menos en su forma rudimentaria. Hizo además redactar un nuevo código de leyes civiles, y se aseguró de que se enseñaran ampliamente los preceptos éticos del budismo por todo su dominio. Pero en el Tíbet aún no existían monjes budistas ni monasterios. En realidad el interés que Songtsen Gampo sentía por el budismo parece haber sido más de tipo cultural que religioso. Esto era inevitable dado el estado en que se encontraba el Tíbet en aquellos días. La vida espiritual puede desarrollarse sólo cuando se alcanza un cierto nivel de cultura, no en el sentido de una mejora material, sino de un estilo de vida más refinado. Pero a pesar de tener esta importante limitación, la labor de Songtsen Gampo fue primordial. Estableció los fundamentos de la nación tibetana, de su cultura y literatura, y del budismo tibetano; no cabe duda de que fue toda una proeza para un solo hombre. Los tibetanos demuestran su agradecimiento a Songtsen Gampo incluso en la actualidad, considerándole una manifestación de Avalokitésvara, el gran Bodhisatva de la Compasión (más tarde el Dalai Lama también lo sería).

La labor de Songtsen Gampo no finalizó con su muerte. Cada vez se fueron traduciendo al tibetano más y más textos indios. Los monjes empezaron a llegar de los países vecinos, incluyendo los refugiados de Khotan, donde los budistas estaban siendo perseguidos e incluso pasados a cuchillo por las hordas musulmanas que empezaban a arrasar el Asia central. Al mismo tiempo en el Tíbet crecía una oposición al budismo que provenía de los seguidores del Bon, la religión indígena. Esta oposición surgió principalmente de las familias nobles, las cuales se sentían molestas por el creciente prestigio y poder de la monarquía budista, y también de los sacerdotes Bon, que sin duda creyeron que su medio de vida se veía amenazado.

El segundo rey religioso del Tíbet, Trisong Detsen y la primera misión Budista

Vivió en el siglo VIII. Apoyó ardientemente el budismo, pero durante el inicio de su reinado sufrió el gran obstáculo de la hostilidad de los seguidores de la religión indígena de Tibet el Bon. Invitó al Tíbet a Santaráksita, erudito y maestro indio, en la actualidad conocido por su gran obra sobre filosofía budista mahayana denominada el Tattvasangraha.

Falla la misión de Santaráksita

Pero por desgracia la misión de Santaráksita, no tuvo demasiado éxito. Visitó varios lugares, habló sobre budismo, impartió enseñanzas, pero, al parecer, se propagó en aquel entonces una epidemia por todo el país. Aquello dio a los bonpos la oportunidad que tanto habían deseado y dije ron: « ¡Ya veis lo que ha ocurrido, viene este maestro budista indio y se propaga una epidemia! Los demonios están enojados». Santaráksita no supo qué responder y comprendió que debía dar una nueva orientación a las enseñanzas. Aconsejó al rey que invitara al Tíbet al gran maestro indio Padmasámbava, que en aquella época vivía en la Universidad de Nalanda, cerca de Bodh Gaya.

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No se sabe como era Padmasambhava pero se le representa de una forma severa y enigmática y al mismo tiempo con una sonrisa compasiva

El Gran Maestro Padmasámbhava es invitado a Tíbet

Padmasámbhava es una de las figuras más excepcionales de toda la historia del budismo. No sólo fue un gran erudito, y un consumado polemista y filósofo, sino también un formidable yogui, un gran meditador y un místico. Fue un gran maestro de las ciencias ocultas y, según la tradición, fue además un temible mago. Pasó sólo dieciocho meses en el Tíbet, pero durante aquel tiempo consiguió subyugar a los «demonios» Bon. La tradición afirma que incorporó todos ellos, les gustara o no, al panteón budista tántrico, convirtiéndoles en deidades protectoras del dharma.

El significado real de las leyendas de Padmasámbhava y de las deidades del antiguo Bon

No debemos considerar esa clase de historias como simples complementos legendarios de los hechos históricos. La historia tiene un profundo significado psicológico e histórico. Después de todo, ¿qué es el Bon? ¿Qué representa? En términos generales es la religión chamánica indígena del Tíbet y, como las otras formas de chamanismo, está íntimamente conectada con la psique de las personas que la practican. Incluso podría afirmarse que las deidades Bon o «demonios» son en cierto sentido arquetipos del inconsciente colectivo tibetano. La hostilidad hacia el budismo que aparece en los relatos tradicionales, podría decirse que representa la resistencia inconsciente de la psique tibetana ante los elevados ideales espirituales del budismo. Los tibetanos no pudieron asimilarlos todos a la vez. Después de todo la mente tibetana era muy distinta de la India. Por lo tanto, ofreció resistencia, y ésta está simbolizada a nivel arquetípico por la resistencia y la hostilidad de las deidades Bon que crearon la epidemia.

Se requiere más que erudición para transformar la psique
El monje Santaráksita era una gran persona, pero tenía sus limitaciones. Como erudito y filósofo podía atraer la mente consciente de los tibetanos, pero no disponía de los recursos para vencer su resistencia inconsciente a los ideales budistas.

Padmasambhava, en cambio, no sólo era un gran erudito y un eminente filósofo, sino también un yogui y un místico, lo cual significaba que podía penetrar a un nivel más profundo y conectar con las fuerzas que movían el inconsciente colectivo de los tibetanos. Fue capaz de incorporar las deidades Bon y las fuerzas que representaban en el marco del budismo, e incluso utilizar la energía que aquellos arquetipos contenían en beneficio de la vida espiritual.

Samye: el primer monasterio tibetano y las primeras ordenaciones en Tíbet

Después de «convertir» a los demonios Bon, Padmasámbava y Santaráksita fundaron juntos el primer monasterio del Tíbet, Samye, en el año 779 e.c. Lo construyeron tomando como modelo el famoso monasterio de Odantapuri de la India, y fue finalizado el 787 e.c. Recientemente los chinos lo han destruido casi totalmente, pero una película realizada por un representante indio de Lhasa antes de su profanación demuestra la belleza del lugar, que recuerda cómo debían haber sido en su apogeo las antiguas y grandiosas universidades monásticas de la India. Santaráksita y Padmasámbava ordenaron también varios tibetanos como monjes, fundando de ese modo la sangha monacal tibetana.

El Gran legado de Padmasambhava y la escuela Ñigma

La fuerte personalidad de Padmasambava imprimió una huella indeleble en el budismo tibetano. Aunque sólo permaneció en el Tíbet ocho meses, los relatos tibetanos acerca de su visita generalmente afirman que estuvo treinta y cinco años, probablemente porque su estancia de ocho meses hizo el mismo impacto que si hubieran transcurrido treinta y cinco años. Tradicionalmente está considerado como el fundador de la escuela Ñigma, es muy reverenciado por los seguidores de todas las demás escuelas del budismo tibetano. En cualquier templo budista tibetano que vayas encontrarás casi siempre una imagen o un retrato del gran Gurú Padmasambhava.

Retratos de Padmasambhava

Es una imagen muy característica, que además parece ser su vivo retrato, porque los detalles son casi idénticos. Representa a un indio alto, fornido, en la flor de la vida, con ligeros rasgos mongoles típicos de la gente del este de Bengala. Tiene un bigote que desciende hacia los labios y una pequeña barba, su expresión deja entrever un ligero atisbo de ferocidad. Va ataviado como un príncipe y lleva puesto un sombrero en forma de loto con una pluma de buitre en su parte superior. A veces sostiene un cráneo humano lleno de sangre, otras una daga y un dorje, (vajra) el rayo diamantino. En el pliegue interior del codo tiene un bastón coronado con tres calaveras (el khatvanga). Las imágenes transmiten la impresión de una figura excepcional, de una persona sumamente vital, viril, activa y poderosa. Padmasambhava es inconfundible.

Trisong Detsen y el “Concilio de Lhasa”

Otro evento altamente significativo que ocurrió durante el reinado de Trisong Detsen fue lo que los eruditos occidentales generalmente denominan el “Concilio de Lhasa”, aunque en realidad más que un concilio fue un debate acaecido en Samye. El debate se estableció entre Kamalasila, uno de los discípulos indios de Santaráksita, y un monje chino llegado al Tíbet que se dedicaba a enseñar el budismo chino llamado ch’an (el precursor chino del zen japonés) a pesar de la desaprobación de algunos budistas tibetanos. De modo que en el año 792 e.c. se organizó un debate entre Kamalasila y el monje ch’an. Se conserva aún una detallada constancia de aquel suceso, al parecer el tema principal de la discusión fue sobre si la iluminación llega gradualmente, poco a poco, o de modo súbito. Siguiendo la tradición india general, el erudito indio afirmaba que ocurría gradualmente, paso a paso, tras seguir el Óctuple Sendero, practicar las diez paramitas, etc.; mientras que el monje chino sostenía que sucedía de forma súbita.

El rey Trisong Detsen era quien juzgaba el debate y decidió que Kamasila había sido el vencedor. Sin embargo, los que se dedican a estudiar la historia antigua creen que el maestro ch’an se defendió también muy bien.

Controversia aparente más que verdadera

Si se mira de un modo objetivo e imparcial, podría decirse que su controversia sobre esta distinción carecía de diferencia. La iluminación no se alcanza de forma gradual o súbita, en esencia la cuestión del tiempo no cuenta. Pero el rey dijo que Kamalasila había ganado, y eso fue todo.

Trisong Detsen y la distintiva síntesis de las tres Yanas

Más tarde Trisong Detsen decretó que a partir de aquel momento los budistas tibetanos debían seguir la escuela sarvastivada (una de las principales escuelas del budismo antiguo el “hinayana”) por el respeto que mostraba hacia la disciplina monástica del vinaya o religiosa; las escuelas madiamika y yogacara, por su filosofía y metafísica; y el tantra, el vajrayana, por su meditación. De esa forma se estableció una síntesis de los tres yanas. Se consideró que estos tres aspectos de la práctica constituían sucesivas etapas de la senda espiritual. En primer lugar sigues la disciplina sarvastivada, después estudias la filosofía madiamika y yogacara y, a continuación, practicas la meditación tántrica, de ese modo se completa tu vida espiritual. Así pues, el reinado de Trisong Detsen contempló tres importantes acontecimientos: el interés en el budismo cambió del aspecto cultural al religioso; se estableció la orden monacal, y se determinó el carácter triyana del budismo tibetano.

El tercer rey religioso del Tíbet Ralpachen; el proceso de traducción de textos canonicos y la comisión de normas de traducción.

Ralpachen reinó en el siglo IX. Fue todavía más ferviente que Trisong Detsen, y contribuyó enormemente a la propagación del budismo. Estableció más templos y monasterios, fomentó el arte y los oficios tibetanos, y quizá lo más importante de todo, creó una comisión permanente para la traducción de las escrituras. Aquello significaba que si alguien aprendía sánscrito para traducir un texto budista al tibetano, no podía hacerla sin antes pedir permiso a esta comisión, la cual establecía las normas de traducción. Se recopiló un glosario sánscrito y tibetano (que aún existe) de los términos budistas, y de este modo las traducciones de las escrituras budistas al tibetano se volvieron más regulares y uniformes. Por ejemplo, la comisión decidía que la palabra sánscrita «dharma» debía traducirse como Chos y nadie podía hacerla de otra forma. Esta decisión significó que los tibetanos no tuvieron la clase de obstáculos que los estudiantes occidentales del budismo deben vencer. Cuando en un texto tibetano lees la palabra chos sabes que significa «dharma»; pero en las traducciones en idiomas occidentales la palabra dharma a veces se traduce como «ley», otras como «doctrina», y otras como «verdad», o «norma». A los principiantes les resulta difícil situarse, porque cada traductor traduce la palabra de una manera distinta. Al recopilar un glosario que todo el mundo debía seguir, la comisión tibetana evitó esa clase de confusión, facilitando el estudio del budismo.

Asesinato de Ralpachen y el largo periodo de persecución a los budistas

Por desgracia, en medio de estos avances, el rey Ralpachen fue asesinado por una conspiración Bon, y en el año 836 e.c. le sucedió su hermano Langdarma, que se oponía totalmente al budismo. Se vivió un período de persecución. Los templos y los monasterios budistas fueron destruidos; los monjes asesinados o expulsados del país; las escrituras destruidas y como resultado el budismo casi desapareció durante dos siglos, en particular en el centro del Tíbet. Sólo algunos fieles seguidores lograron mantener viva la llama del dharma durante aquellos días de oscuridad.

La degradación y corrupción del Dharma en esta época

Se vivía una época de gran agitación política y el país acabó dividiéndose en diferentes estados. Fue también un período de confusión religiosa. Los maestros tántricos indios se infiltraron en el Tíbet desde Cachemira enseñando algunas prácticas muy cuestionables que empezaron a dar mala fama al tantra. Incluso el budismo, a pesar de haber logrado sobrevivir en el Tíbet, cada vez se fue degradando y corrompiendo más, lo cual fue una fuente de grave preocupación para algunos fervientes budistas.

La conmovedora historia del cuarto rey religioso: Yeshe O

Cuando las cosas se calmaron un poco decidieron, bajo la protección de Yeshe O, el cuarto rey religioso, invitar al Tíbet al gran maestro Atisha que vivía en Vikramasila, otra de las grandes universidades monásticas del nordeste de la India.

Yeshe O fue el rey del Tíbet occidental en el siglo XI. El budismo de esta zona no salió tan malparado durante el período de persecución, y Yeshe O contribuyó enormemente, en los límites de su propio reino, a infundirle nueva vida y propagarlo. Incluso tomó la decisión de convertirse en monje. Pero más tarde su destino tomaría un giro mucho más dramático. Hacia el final de su vida fue en una expedición para reunir de sus súbditos una enorme cantidad de oro que se necesitaba para traer a Atisha de la India. Pero durante el viaje fue capturado por un rey musulmán vecino que le dio un ultimátum. O se convertía al Islam, o debía pagar un rescate con su peso en oro.

Como es natural, Yeshe O no iba a volverse musulmán. Pero ¿de dónde podía sacar el rescate? El sobrino del rey sentía una gran devoción por él y decidió reunir tanto oro como le fuera posible, pero incluso en un país como el Tíbet, con un subsuelo rico en este metal, no era fácil recoger el peso de una persona en oro. Con el paso de los meses y los años logró reunir una gran cantidad. Pero cuando por fin fue a visitar a su tío rey en la mazmorra en la que había estado encerrado durante todos aquellos años, descubrió que sólo tenía oro suficiente para el peso del cuerpo de su tío, sin incluir la cabeza. De modo que le preguntó:

“¿Qué debo hacer? ¿Debo intentar un último esfuerzo para recoger más oro?” Pero el rey le respondió: “Ya soy un anciano y no he tenido aún la oportunidad de sacrificar mi vida por el dharma. No te preocupes más por mí, en lugar de entregar el oro a mis secuestradores, utilízalo para que Atisha venga al Tíbet”.

De modo que eso fue lo que hicieron, y cuando el rey musulmán descubrió que no iba a recibir oro alguno ordenó matar a Yeshe O.

La llegada a Tíbet del Gran Maestro Indio Atisha

En aquella época Atisha era el mejor maestro budista de la India, y después de llegar al Tíbet permaneció en él durante doce años, hasta su muerte. Trabajó arduamente y realizó una gran labor. Reformó la disciplina monástica, purificó la práctica del tantra, estableció la base para la escuela Kadam, y escribió una serie de obras para la guía espiritual de los tibetanos. En gran parte como resultado de la influencia de Atisha, el budismo en el Tíbet experimentó un gran resurgimiento. Antes de finalizar el siglo XI Marpa y Milarepa iniciaron el linaje Kagyu, y Konchok Gyelpo fundó la escuela Sakia.

El Dharma se establece por fin en Tíbet

Después de tantas luchas, subidas y bajadas, reveses y éxitos, el budismo por fin (durante la época de la conquista normanda en Inglaterra) se había establecido en el Tíbet. A partir de entonces y en adelante nunca llegó a peligrar como religión dominante, hasta que en los años cincuenta la China comunista invadió el valle de Tíbet.

Banderas de oración tibetanas

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